Las letras de las canciones en Musicoterapia (Español)

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Published on: 14 noviembre, 2011

¿Cuántas veces hemos pensado, al escuchar una canción, “parece que esa letra la han escrito para mí” o “esa frase explica exactamente cómo me siento”? Ya lo dice el gran Quique González en su canción “Fito” en la que rinde homenaje a otro grande, Fito Páez (“Gracias Fito por decir exactamente lo que vi”).

Las letras de las canciones, si nos apoyamos en un enfoque psicoanalítico sencillo, nunca son casuales; detrás de las letras hay personas que han experimentado, de un modo u otro, esas emociones y precisamente debido a lo proyectivo de las letras de las canciones, éstas tienen el inmenso poder de dotar de forma a aquellas ideas, emociones, recuerdos, imágenes, etc., que a menudo las personas no somos capaces de expresar con palabras. Por eso nos emocionamos y sobrecogemos cuando en algunas canciones se habla con tal clarividencia.

En este artículo repaso someramente algunas de las canciones que, a lo largo de mi experiencia profesional como musicoterapeuta, me han ayudado a abrir debates verbales de todo tipo con los pacientes, así como a vivir con ellos innumerables situaciones terapéuticas.

Animo a todos los lectores a que añadan sus propias canciones, así como sus propias experiencias, tanto profesionales como personales.

Las canciones se muestran en orden alfabético y entre paréntesis, figura el intérprete de la canción a la que haré referencia, lo cual no significa necesariamente que dicho intérprete sea el autor de la letra de la canción (como ocurre, por ejemplo, con “Todo cambia”, interpretada por Mercedes Sosa), o que otros artistas hayan interpretado esa canción en algún momento (como ocurre, por ejemplo, con la canción “Amigo”, revisada recientemente por Marc Anthony).

Únicamente me resta advertir que he reservado este artículo a canciones escritas y/o interpretadas en castellano, pues en breve publicaré un nuevo trabajo sobre canciones en otros idiomas, donde además de hacer referencia a algunas de las estrofas originales (aquellas que, en mi opinión, resultan terapéuticamente relevantes), incluiré una traducción de las mismas al español, y es por eso que en la siguiente lista únicamente aparecen canciones en el idioma de Cervantes, o ya que estamos, y por alusiones, en el idioma de Quique González y de Fito Páez.

 

  • A quién le importa (Alaska y Dinarama)

Una defensa lírica de la manera de entender el mundo, esta letra, con una inocencia y acidez típicamente juvenil, reivindica la personalidad individual y critica precisamente a los críticos (“la gente me señala, me apuntan con el dedo, susurra a mis espaldas y a mí me importa un bledo”), siendo posiblemente la canción más conocida de la cantante.

 

  • Amigo (Roberto Carlos)

Una carta de amistad, agradecimiento y amor. Si mis fuentes son fiables, Roberto Carlos escribió esta canción a su padre. Una letra tan hermosa como potente: no recuerdo una sesión en la que no hayan brotado lágrimas entre los asistentes al escuchar esta canción, que recuerda inevitablemente a los seres queridos. Quizá la culminación a la emoción desbordante que inunda este tema, se resuma en la estrofa final: “no preciso ni decir todo esto que te digo, pero es bueno así sentir que eres tú mi gran amigo”.

 

  • Color Esperanza (Diego Torres)

La letra de esta canción, tremendamente radiada hace unos años, proclama el optimismo y la defensa de la esperanza como herramienta terapéutica ante los momento difíciles en la vida. Entre una de sus muchas frases célebres, se encuentra mi favorita, “saber que se puede, querer que se pueda”.

 

  • Contradictorio (Bunbury)

La letra de esta canción, no por escueta es menos reflexiva, y sirve para encarar la aceptación de la contradicción, como parte del aprendizaje continuo que es la vida. El estribillo habla claro: “y si ayer dije blanco y mañana de un salto me paso a lo negro, no lo veas extraño, aún ando buscando donde me quedo”.

 

  • De mayor (Bunbury)

La letra de esta canción, envuelta en sonoridades circenses que nos retrotraen a la infancia, critica, con una inocencia inusitada, algunos de los estrictos modelos de educación recibidos en la niñez, y reflexiona sobre cómo ello repercute en el modo de conducirse en la etapa adulta. Esta letra contiene en una de sus frases, una filosofía de vida fácilmente reivindicable y comprensible (“de pequeño me enseñaron a querer ser mayor, de mayor voy a aprender a ser pequeño”) y a la que se adhieren muchas personas, según observo en las sesiones de terapia.

 

  • Desde mi libertad (Ana Belén)

Esta canción imprime valor y esperanza a las personas que han decidido partir de cero, es un canto a la defensa de la individualidad, una mirada optimista hacia un futuro mejor y toda una declaración de intenciones, cuando canta “debo empezar a ser yo misma y saber que soy capaz y que ando por mi pie” o “nunca me enseñaron a volar, pero el vuelo debo alzar”.

 

  • El idioma de los dioses (Nach)

Homenaje, en clave de hip hop,  a la música en general, y en particular a aquella que forma parte de la vida de una persona. En mi opinión, una de las letras más atrayentes que he leído en mi carrera profesional. Resulta muy difícil no sobrecogerse ante algunas estrofas (“Si estoy sólo, tú me acoges, eres mi fiel compañía, me hablas sincera y me esperas cuando empieza el día. Mi guía, mi faro de Alejandría, si me ves perdido te miro y elimino la tristeza en un suspiro”).

 

  • El viento a favor (Bunbury)

Un himno a la esperanza, una canción que Bunbury escribió para sí mismo y que se ha convertido en una suerte de brisa en la espalda para muchas personas necesitadas de un mensaje de ánimo lanzado desde la empatía. Su incitación a no rendirse jamás puede verse reflejada en frases como “si ya no puede ir peor, haz un último esfuerzo, espera que sople el viento a favor”.

 

  • Ellas (Nach e Ismael Serrano)

Nach propone un recorrido por las emociones y sensaciones que ha experimentado a lo largo de su vida, las comenta y les añade un toque humano que nos acerca a ellas, tanto a recordarlas como incluso a revivirlas. Una de sus frases nos hace comprender que cualquier vida se compone de esas y otras sensaciones, cuando se afirma que “el hecho de vivir deja secuelas”.

 

  • Gracias a la vida (Mercedes Sosa)

A través de esta letra, originariamente escrita por Violeta Parra, se brinda la oportunidad de hablar acerca de todo lo hermoso y bueno que nos rodea, de dar las gracias y de cambiar el prisma con el que observamos la vida cuando nos dejamos llevar por el pesimismo o, sencillamente, tenemos un mal día. Como musicoterapeuta, me resulta imposible no recordar la última estrofa: “Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos que es mi propio canto”.

 

  • Hermana duda (Jorge Drexler)

Esta canción nos acerca al sentimiento de la duda, generalmente denostado en nuestra sociedad, eminentemente productiva y decidida, y lo convierte en un elemento familiar, enseñándonos a convivir con esa sensación que a menudo no resulta cómoda. Esta aceptación sin quejas de la duda como parte de nuestra idiosincrasia, se refleja en versos como “no me malinterpreten, no estoy quejándome, soy jardinero de mis dilemas”.

 

  • La libertad (Andrés Calamaro)

Esta canción facilita el debate acerca de la idea de libertad y de su ausencia, siendo muy apropiada utilizarla con colectivos a los que se ha privado de la misma (por ejemplo, en centros penitenciarios o en algunos hospitales psiquiátricos). Destacan frases como “la conocen los que la perdieron, los que la vieron de cerca irse muy lejos, y los que la volvieron a encontrar, la libertad”.

 

  • Me gustas tú (Manu Chao)

La letra de esta canción propicia una dinámica de presentación personal original en los grupos terapéuticos, así como el debate acerca de gustos y preferencias individuales. Además, los acordes repetitivos favorecen su interpretación posterior, quizá escribiendo una letra nueva con los gustos personales de los asistentes a la terapia.

 

  • No dudaría (Antonio Flores)

Una de las canciones más conocidas del hijo de Lola Flores, y por ello, como ocurre con otras muchas canciones fácilmente reconocibles, es una herramienta útil a la hora de cantar en grupo. La temática aborda la sensación de arrepentimiento ante lo que ya no tiene solución, y plantea no volver a tropezar con las mismas piedras, siempre desde el optimismo (“Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia”).

 

  • Palabra por palabra (Marwan)

Un canto a la utopía para darle la vuelta al orden establecido, desde el lenguaje sencillo y el sentido del humor por bandera, en frases como “lo sé, lo sé, quizá no hemos ganado la partida, pero como a nadie le amarga un dulce, le puse azúcar a los golpes que me dio la vida”.

 

  • Resistiré (El Dúo Dinámico)

Una de las letras más potentes, terapéuticamente hablando, que me he encontrado jamás, acompañada de una melodía realmente pegadiza. Un mensaje a favor de la resistencia de nuestra psique ante los envites de la vida, con un lenguaje sencillo y directo. Son imperecederas frases como “soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie” o“soportaré los golpes y jamás me rendiré”.

 

  • Semilla en la tierra (Carlos Chaouen)

Una de mis canciones favoritas a nivel personal, su letra sugiere una infinidad de imágenes que pueden ser utilizadas provechosamente en sesiones de Musicoterapia. A modo de curiosidad, cabe decir que Carlos Chaouen es licenciado en Psicología, realizó un Máster en Psicoanálisis y trabajó como psicólogo en prácticas en diferentes hospitales psiquiátricos del territorio español. He querido rescatar una de las últimas estrofas: Vive, la vida por compasión hay veces que vive y nada tiene que ver con la muerte y cuando llegue ese instante déjame verte, que no hay mayor libertad que tenerte enfrente y que nadie sea absuelto por no quererse, y vive porque el querer es vivir con creces”.  

 

  • Soy rebelde (Jeanette)

Uno de los himnos más evidentes a la rebeldía, una letra que canaliza la rabia, la nostalgia y la impotencia a partes iguales (“y quisiera ser como el niño aquel, como el hombre aquel que es feliz, y quisiera dar lo que hay en mí, todo a cambio de una amistad y soñar y vivir y olvidar el rencor”), con la que es muy fácil identificarse, gracias al lenguaje sencillo que utiliza.

 

  • Todo cambia (Mercedes Sosa)

La letra de esta canción, escrita por el chileno Julio Numhauser, pone de manifiesto, a través de un lenguaje pulcro y en ocasiones metafórico, lo natural de los procesos de cambio, y cómo a pesar de todo, también hay sentimientos que nunca cambian. La canción abre con un espléndido verso: “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”.

 

  • 16 añitos (Dani Martín)              

En esta letra se refleja, analizada con la ayuda del paso de los años, la rebeldía adolescente y las consecuencias que acarrea, llegando a la conclusión de que a menudo los cimientos de aquella etapa no son tan sólidos como pensábamos entonces y que incluso es bueno que así sea, “Los valientes son los que son de verdad, y los fuertes ni sus guerras; los valientes, los que saben llorar con la cara descubierta”.

 

Carlos García Hidalgo
http://www.cgpsicologo.site90.com/

Musicoterapia en el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP)

Categories: Musicoterapia
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Published on: 3 noviembre, 2011

La Musicoterapia, definida de un modo general, consiste en la utilización de la música y sus elementos de un modo terapéutico, siendo esta terapia desarrollada por un profesional cualificado y aplicada de forma controlada.

La Musicoterapia aplicada al Trastorno Límite de la Personalidad posee características exclusivas respecto a otros colectivos relativos a la Salud Mental, entre las cuales cabe citar las siguientes:

  1. Utilización de la música y sus elementos en el refuerzo, desarrollo y mantenimiento de las capacidades cognitivas, las habilidades sociales, la afectividad, la autoestima, la independencia y el control de los impulsos de los usuarios
  2. Prioridad de la actitud activa (frente a una actitud receptiva o pasiva, que, en cualquier caso, no se excluye ni evita) ante las sesiones de terapia musical, solicitándose la participación y la interacción de los usuarios como actitud principal durante las sesiones
  3. El uso de la música y sus elementos, así como de toda dinámica presentada durante las sesiones se puede definir y/o resumir de la siguiente manera:
  1. Música como factor catalizador de la catarsis, tanto a nivel físico como psicológico o emocional
  2. Música como instrumento de evasión y de distracción lúdica ante un virtual exceso de demandas, tanto propias como ajenas
  3. Música como elemento de acompañamiento en la rutina diaria de los pacientes con TLP y de su entorno
  4. Música como herramienta facilitadora de un sentimiento de empatía hacia el dolor, en todas sus acepciones, que sufren los pacientes con TLP, así como sus familias y personas cercanas

 

Carlos García Hidalgo
http://www.cgpsicologo.site90.com/


La Musicoterapia en el ámbito de la Psiquiatría

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Published on: 3 noviembre, 2011

Introducción a las principales modalidades de trabajo en la Musicoterapia aplicada al entorno psiquiátrico 

RESUMEN

Este artículo analiza la disciplina científica de la Musicoterapia aplicada al ámbito de la Salud Mental y describe las principales modalidades clínicas de la terapia musical en el entorno psiquiátrico, así como los niveles de implementación con un grupo de pacientes en base al nivel funcional individual.

ABSTRACT

This article analyses the scientific discipline of Music therapy applied to the field of Mental Health, and describes the most important clinical forms of musical therapy in the psychiatric scene, the same way as the levels of application with a group of patients based on the individual functional level.

 

A la hora de definir una disciplina artística como la música, al igual que al tratar de etiquetar con palabras cualquier otra rama del arte, surgen numerosas dificultades que nos impiden abarcar algo que, parece evidente, carece de principio o fin, pues la música ha acompañado, acompaña y acompañará al ser humano a lo largo de todas las épocas y culturas.

 

En un bienintencionado intento de condensar en unas palabras al objeto de nuestro presente interés, decía Merrian en 1964 que “la música es una actividad diversa, múltiple e interdisciplinaria que se integra en diferentes facetas de la vida cotidiana”.

 

Al referirnos al hacer musical, es decir, al componente práctico de la música, Gaston, uno de los pioneros en la terapia musical, afirmaba en 1968 que la actividad musical era “una experiencia individual y colectiva que involucra cuerpo, mente y espíritu”.

 

Teniendo en cuenta estas dos afirmaciones, que se encuentran respaldadas por la evidencia y a cuya veracidad se adhieren muchos otros autores procedentes de distintos ámbitos de conocimiento y que han aportado a lo largo de los años innumerables definiciones y conceptualizaciones con similar intención, la relación existente entre la música y la naturaleza del ser humano fundamenta y justifica la práctica musicoterapéutica, confirmándose y haciéndose posible a través de la misma, según corroboran los expertos, la presencia de respuestas musicales y no-musicales específicas que se expresan en nuestra conducta a través de las áreas sensorio-motriz, afectivo-emocional, cognitivo-conductual y socio-comunicacional.

 

Así pues, y adentrándonos en nuestra materia de estudio, la Musicoterapia se define como la utilización de la música y/o los elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) por parte de un musicoterapeuta especializado, con un individuo (o grupo de individuos) en un proceso diseñado (es decir, con una metodología y objetivos a desarrollar) para satisfacer necesidades físicas, emocionales, sociales y cognitivas, desarrollando el potencial y/o reparando funciones del individuo, con el fin de alcanzar su integración intra e interpersonal (Federación Mundial de Musicoterapia, 1996).

 

En el ámbito de los trastornos psiquiátricos, la utilización de la Musicoterapia como tratamiento se encuentra, desde hace ya algunos años, ampliamente documentada en la literatura especializada (Aldridge, 1996; Cassity y Cassity, 1991; Davis y col., 1992; De Backer, 2005; Heany, 1992; Lindvang & Frederiksen, 1999; Odell-Miller, 1999; Wigram y De Backer, 1999).

 

Modalidades clínicas de la Musicoterapia en Psiquiatría

Tanto las aplicaciones como los usos que se proponen desde la Musicoterapia al trabajar en un entorno psiquiátrico, varían enormemente en función de variables como la orientación profesional y personal del musicoterapeuta, el número de pacientes que se establezcan por sesión y la idiosincrasia de los mismos, o los objetivos que se planteen antes, durante y a menudo después de una intervención terapéutica musical. No obstante, en este artículo se enumeran las principales áreas de trabajo que contempla la Musicoterapia aplicada al ámbito psiquiátrico:

Audición y respuesta a la música

“La mayoría de las personas tiene una relación con la música basada en la escucha, en la audición. Si no tenemos en cuenta ese aspecto y basamos nuestra práctica exclusivamente en el hacer musical, estamos ignorando una parte importante de toda la relación que tienen las personas con la música.” (Schapira, 2007)

En efecto, para materializar muchos de los beneficios de los que se pueden aprovechar los pacientes receptores de la terapia musical, no es necesario (y en algunas ocasiones, ni siquiera recomendable) poseer conocimientos musicales reglados, pues la relación del ser humano con la música es siempre previa a la especialización musical, del mismo modo que cualquier persona está expuesta a todo un universo lingüístico e inmersa en el idioma materno antes de aprender las reglas gramaticales y las normas de uso del mismo. En cualquier caso, la música, como lenguaje emocional que es, representa una potente herramienta evocadora de pensamientos y emociones, que facilita diversos procesos como, por citar los más recurrentes, la toma de conciencia de uno mismo así como de nuestros pensamientos y sentimientos, el fomento del diálogo, la interacción social o la introspección. Algunos ejemplos de esta modalidad clínica son los siguientes:

  • Exploración del material (por ejemplo, las letras de las piezas musicales), analizando el contenido verbal que aportan las canciones, ya sean éstas populares o pertenecientes a cualquier estrato social.
  • Canto o acompañamiento instrumental con música editada, como acercamiento temprano al uso terapéutico de la voz o de los instrumentos en las sesiones. La utilización de la voz en terapia, ya sea ésta la del paciente (o grupo de pacientes), la del musicoterapeuta o la de todos los participantes en una sesión, reporta innumerables beneficios y posibilita la puesta en marcha de diferentes procesos, como se detallará más adelante.
  • Audición pasiva o en movimiento de música editada, en función de los objetivos (lúdicos, cognitivos, verbales, emocionales, etc.) y las áreas (motriz, lingüística, interpersonal, etc.) que el musicoterapeuta desee trabajar en base a las necesidades concretas de cada paciente o grupo. Al incorporarse la expresión corporal como herramienta complementaria para la expresión emocional, subjetiva y personal, se facilita la ejecución de diferentes mecanismos psíquicos y físicos, así como el establecimiento de nuevos objetivos que, a su vez, retroalimentan a los que la música, por si misma, puede proporcionar.

Interpretación, composición e improvisación musical

“Cuando cantamos, la música nos otorga una vía regia para poder decirnos algo a nosotros mismos. Esto, en Musicoterapia, le es de suma utilidad al paciente para poder darle forma a sus pensamientos, sentimientos o emociones, y también para poder atisbar sentimientos, emociones e ideas que no pueden asomarse a la conciencia por el sendero de la palabra hablada.”  (Schapira, 2007)

“En la improvisación, el paciente va a encontrar una experiencia útil y liberadora de emociones contenidas. Las improvisaciones musicales terapéuticas no deben buscar el desarrollo de una experiencia musical con fines estéticos, sino la revelación de la estructura de la personalidad de ese sujeto y por ello la función estaría centrada en posibilitar el despliegue de contenidos internos a partir de la experiencia musical.” (Schapira, 2007)

Tanto a la hora de interpretar como de componer e improvisar (en las tres modalidades entendemos siempre las variantes vocal e/o instrumental), la experiencia musical activa que ello supone incluye actividades orientadas tanto al proceso como al producto.

Cuando la terapia se orienta al proceso, las conductas e interacciones que ocurren mientras se hace música son el foco principal de la propia terapia. El cuerpo teórico de la Musicoterapia entiende que los pacientes van a mostrar la misma clase de conductas (tanto funcionales como disfuncionales) que exhiben en otras áreas de su vida. Como afirma Bruscia, “somos en la música”, es decir, nuestra manera de comportarnos en una experiencia musical, independientemente de variables como la complejidad o estructuración de la misma, representa un fiel reflejo de nuestra forma de ser, de nuestra personalidad, en definitiva. Así, el musicoterapeuta ofrece, a través de su trabajo, una vía de expresión creativa y liberadora para promover conductas progresivamente más sanas y funcionales, mientras que al mismo tiempo se limitan las conductas disfuncionales. En este sentido, podrían considerarse objetivos terapéuticos la promoción de interacciones sanas y de conductas estructuradas.

Las actividades orientadas al producto se centran en la creación de un producto final, ya sea éste una composición musical propia o la interpretación de una canción. Estas actividades perseguirían entre sus objetivos, la consecución de un sentimiento entre los pacientes de “haber creado algo”, con la consiguiente y esperable mejora en la autoestima de los mismos, aspecto nada despreciable habida cuenta de los bajos índices en esta variable que presentan muchos pacientes psiquiátricos.

Música y movimiento

El movimiento puede ser una muy poderosa herramienta para la expresión personal, así como para realzar la autoconciencia. Los diferentes tipos de danzas, más o menos estructurados y complejos, aunque presentes en todas las culturas y a lo largo de todas las épocas, han sido utilizados para promover la interacción social entre las personas. Más concretamente, desde el ámbito musicoterapéutico las danzas, los estilos de baile y, en general, los diferentes e innumerables modos de expresión a través de la implicación corporal, han de ser tenidos en cuenta para movilizar la participación dentro de un grupo de pacientes. La música actúa como estímulo del movimiento y éste es susceptible de convertirse en un lenguaje emocional, subjetivo y personal, tan válido como la propia palabra.

La música y otras disciplinas artísticas

El estímulo musical puede actuar como catalizador para la expresión de pensamientos y sentimientos, por ejemplo en un medio literario o plástico. Dotar de melodía a los versos de un poema o componer o improvisar un fondo sonoro para una fotografía o un óleo, son sólo algunas de las maneras en las que la música se puede relacionar y, de hecho, fundirse con otras ramas del arte que, a su vez, generan en el paciente sentimientos y emociones diferentes pero perfectamente compatibles.

Música recreativa

Al utilizar la música como herramienta lúdica, se propician numerosas oportunidades para la relajación y el ocio, especialmente en actividades estructuradas para la relación social como son el canto o la improvisación conjunta. Las actividades musicales pueden ofrecer tanto a la persona como al grupo el foco idóneo para el placer personal. Además, la propia experiencia musical brinda otros beneficios que resultan de inestimable ayuda en el proceso terapéutico:

“En cualquier momento del proceso musicoterapéutico, pero sobre todo en los comienzos del mismo, el canto conjunto entre el musicoterapeuta y el paciente anima a éste a incorporar a su universo la posibilidad de expresarse vocalmente. Cantar junto con el musicoterapeuta le brinda una continencia afectiva segura que puede llegar a permitir la retracción o disminución de sus ansiedades básicas, y el despliegue de su problemática.” (Schapira, 2007)

Música y relajación

En algunas sesiones de Musicoterapia y si los objetivos terapéuticos así lo demandan, la música puede ser utilizada para conseguir un estado de relajación, tanto física como mental a través de técnicas estructuradas guiadas, como pueden ser las relajaciones musculares pautadas o diversas técnicas de fomento de la imaginación a través de la música (Scartelli, 1989).

 

Niveles en la Musicoterapia de grupo basados en el nivel funcional de los pacientes

En base al nivel funcional de los pacientes que reciben la terapia musical, Wheeler (1983) propuso tres niveles de práctica clínica en Musicoterapia, que conservan su validez hasta el día de hoy:

Musicoterapia de apoyo, orientada a la actividad

A este nivel, las dinámicas que se implementan buscan promover la participación y la adquisición de conductas funcionales. La actividad musical requiere una participación activa por parte del paciente y una toma de conciencia del “aquí y ahora”. (Unkefer, 1990; Wheeler, 1983). La práctica musical aquí propuesta persigue maximizar la participación de los pacientes, la cual resulta variable en cuanto a nivel funcional y habilidad musical. A este nivel de intervención el musicoterapeuta no suele profundizar en la causa de las conductas disfuncionales cuando éstas tienen lugar. Existen numerosos objetivos terapéuticos que se pueden trabajar a través de la Musicoterapia orientada a la actividad:

  • Mejorar la interacción social y tomar conciencia de los otros, a través de una actividad placentera como es la musical
  • Mantener la orientación a la realidad (o conciencia del aquí y ahora)
  • Ofrecer un estímulo distractor que minimice o relativice las preocupaciones neuróticas, obsesiones, etc. que presenten los pacientes
  • Fomentar una participación apropiada y exitosa en dinámicas grupales
  • Controlar las conductas impulsivas a través de, por ejemplo, actividades musicales basadas en el ritmo o en diferentes pulsos
  • Emplear el tiempo de ocio de un modo creativo, libre y liberador

Musicoterapia reeducativa, orientada al proceso y a la auto-percepción

A este nivel, y aunque la participación activa siga considerándose relevante, se enfatizará la reflexión y el proceso verbal relativo a las relaciones interpersonales y emociones que surjan durante las sesiones de Musicoterapia. Alcanzado este nivel, el paciente es capaz de adquirir nuevas perspectivas sobre sus conductas y sentimientos, así como de reorganizar valores y patrones de conducta. Este nivel requiere generalmente que los pacientes estén adecuadamente orientados a la realidad y que sean capaces de comunicarse con las demás personas de manera más profunda que los pacientes que aún se hallan en el primer nivel funcional. Aunque el musicoterapeuta puede facilitar la toma de conciencia y las percepciones de las propias conductas y emociones, el foco de atención se suele centrar en acontecimientos presentes más que en los conflictos inconscientes que puedan contribuir al problema emocional del paciente. Las intervenciones están diseñadas para promover:

  • La identificación y expresión de los sentimientos propios y ajenos
  • La resolución exitosa o adaptada de situaciones que generen conflicto personal o grupal
  • La toma de conciencia de las propias conductas
  • La facilitación de cambios conductuales

Musicoterapia reconstructiva, orientada al análisis y a la catarsis

A este nivel, las experiencias musicales que se proponen se utilizan para destapar, soltar o resolver conflictos inconscientes, como por ejemplo, traumas. El paciente que participa en este nivel de tratamiento necesita ser poseedor de una buena orientación a la realidad y una elevada motivación para el cambio personal. En terapia reconstructiva la música se utiliza con frecuencia para ayudar a provocar imágenes o reconstruir conflictos pasados. También, a través de la improvisación (vocal o instrumental), así como del proceso de interacción con instrumentos musicales, el paciente puede expresar sentimientos de manera no verbal o representar relaciones con agentes relevantes de su pasado. En cualquier caso, trabajando a este nivel es importante considerar numerosos aspectos, como el nivel madurativo y de desarrollo, la edad o la cultura de procedencia del paciente, con el fin de optimizar los beneficios de la Musicoterapia.

 

Referencias bibliográficas

Bruscia, K. (1997). Definiendo musicoterapia. Salamanca: Amarú

Bruscia, K. (1999). Modelos de improvisación en musicoterapia. Vitoria Gasteiz: AgrupArte

Davis, W., Gfeller, K. y Thaut, M. (2000). Introducción a la Musicoterapia. Teoría y práctica. Barcelona: Editorial de música Boileau S.A.

Gaston, E. T. y cols. (1968) Tratado de Musicoterapia. Buenos Aires: Paidós

Pellizzari, P. y Rodríguez, R. (2005). Salud, escucha y creatividad. Buenos Aires: EUS

Pichón Riviere, E. (1999). El proceso grupal. Buenos Aires: Nueva Visión

Poch Blasco, S. (1999). Compendio de musicoterapia. Vol. I. Barcelona: Herder

Sabbatella, P. (2007). Música e identidad. Musicoterapia grupal en esquizofrenia. Interpsiquis: Psiquiatría.com

Schapira, D., Ferrari, K., Sánchez, V., y Hugo, M. (2008). Musicoterapia. Abordaje plurimodal. Buenos Aires: UBA

Verdeau – Paillés, J. y Guiradu – Caladou, J. M. (1979). Las técnicas psicomusicales activas de grupo y su aplicación en Psiquiatría. Barcelona: Editorial científico-médica

 

Carlos García Hidalgo
http://www.cgpsicologo.site90.com/

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